El jueves, mi mujer y yo bajamos a tomar unas cañas con Chrys Wu, al Jimmy’s Corner. Nos cuenta que si no nos parece que todo el mundo está embarazado, que muchos amigos suyos lo están. Curioso. Desde hace tiempo mi mujer y yo tenemos la misma sensación, como si fuera vírico.

Puede que sea la edad. De igual modo que se pasa por una etapa en la que parece que todo el mundo se casa. Supongo que habrá que pasar la etapa en la que todo el mundo se embaraza.

Pido la segunda caña y, detrás de la barra, veo un cartel que reza “Aquí no se discute de política”. Y claro, uno entra a trapo. Me giro y suelto: “It’s the economy”.

Recordaba haber leído algún artículo sobre un estudio que afirmaba que en tiempos de recesión la gente volvía a apreciar los momentos en familia. Quizá es que nadie disfruta de la soledad durante una tormenta.

“Estaría bien comprobar si hay correlación entre las etapas de recesión económica y el aumento de la natalidad”, digo.

Mi mujer esboza una sonrisa y me estampa “Oh! Yo ya estoy viendo un gráfico”. Y ella y Chrys Wu se ríen un rato largo. Hm! Yo no lo veo tan gracioso.

Los datos de natalidad son del Centro Nacional de Estadísticas de la Salud de Estados Unidos. Los del P.I.B., de la Oficina de Análisis Económico.

Intento buscar patrones y elucubro. Dejando al margen los aspectos racionales a sopesar en la decisión de tener progenie: que si es muy caro, que si cómo lo vamos a mandar a la universidad … Un hijo es sinónimo de esperanza — noción alentadora en tiempos de crisis.

“Al borde del precipicio, cambiamos” que dice Klaatu en “Ultimátum a la Tierra/El día que la Tierra se detuvo” — la frase es fantástica, la película lamentable. En tiempos de crisis, somos más sentimentales. Decidimos tener hijos en momentos de crisis porque auguramos tiempos mejores. O quizá yo sea un iluso.

Obviamente el aumento de natalidad no va a coincidir exactamente con las recesiones. Un embarazo son 38 semanas, nueve meses, tres cuartos de un año. Así que movamos las recesiones hacia adelante un año.

¿La gente decide tener más niños durante una recesión? No es concluyente, pero se intuye una tendencia. Ligeramente.

Sin embargo hay dos cosas que chocan al ver los dos gráficos juntos. La primera es cómo el incremento en el P.I.B. en los 60 y principios de los 70 corresponde casi en espejo con el descenso en la natalidad en el mismo período. Y al hilo de mi hipótesis, parece que cuánto más disfrutamos de bienestar económico, menos nos preocupamos por el futuro …

La segunda es la caída en picado de la natalidad en 2008. Intuyo que de igual modo que decidimos tener hijos en tiempos de crisis con la esperanza de un mejor futuro, cuando percibimos la deceleración de la economía y su colapso venidero — y este se veía venir de lejos — somos más reticentes a multiplicarnos.

Me temo que para comprobar si nuestra apreciación personal de que este mini baby boom está relacionado con la economía, habrá que esperar primero a salir de la recesión y contar las personitas después.

De todos modos y por ahora: felicidades a todos los papás y mamás en potencia.

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Columna gráfica: Recesión y natalidad

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